El síndrome del “hermano encargado”

Gastamos mucho en equipos e instrumentos musicales y poco en instalación, operación y mantenimiento del sonido.

Por G. Giró, 6 months ago

En las últimas dos décadas, la liturgía contemporánea ha exigido la actualización de equipos y sistemas de sonido en muchas de nuestras iglesias. No sólo el desarrollo de los grupos de alabanza y los exhuberantes espacios de las Mega-iglesias requieren tales cambios. La aspiración de muchos predicadores de lanzarse al areópago mediatico, hace necesaria la inclusión de equipos digitales de grabación y post-producción de audio y video.

Muy a menudo me encuentro ante el mejor equipo de sonido de una iglesia escuchando: "el hermano encargado sabe como funciona pero cuando no está todo es un desastre". En ese momento sé que, si bien "el hermano encargado" puede ser el mejor de los sonidistas, lo más probable es que esté solo o no pueda confiar a persona alguna su importante tarea. Cuando visito iglesias con el Síndrome del Hemano Encargado, puedo predecir que el resultado del sonido en el culto dominical no será muy bueno. Estos técnicos voluntarios son, por lo general, gente jóven, totalmente entregada, llenos de pasión. A veces, son los niños dorados del pastor y del ministro de alabanza, pero en pocas ocasiones son realmente reconocidos.

Si me preguntas cómo empezar a curar ese mal, tengo algunas sugerencias.

 

  • Planifica - Elabora un presupuesto anual para el sonido que incluya equipo, instalación, mantenimiento y capacitación. La importancia de un departamento eclesial se muestra cuando ese departamento aparece en el presupuesto anual de la iglesia. Si tu congregación tiene los medios para sostener ese servicio, inclúyelo en el presupuesto.

 

  • Colabora - Asegúrate de delegar, confiando en el criterio ajeno, y dando la oportunidad a otros de servir en tu comunidad y crecer juntos. Busca ayuda para instalar adecuadamente tu equipo, etiquetando todo lo que puedas de forma clara, para que otros puedan saber la configuración. 

 

  • Aprende - Capacítate lo más que puedas. Crea un plan formativo y cubre aspectos de la sonorización y producción digital más allá de lo hagas habitualmente. 

 

  • Enseña - Comparte lo que sabes. Redacta guías, mapas de conexión y rutas de la señal. Si tenes equipos que operan con un CPU y un interface, crea la programación que usarás de antemano y que podrá estar disponibles sólo pulsando un botón (o un clickeo de pantalla).

 

  • Comunícate - Toma tiempo para visitar a otros que, como tú, se encargan del sonido de sus iglesias. Conversa sobre desafíos, oportunidades y soluciones a problemas comunes. No temas preguntar. Llévate contigo al equipo de sonidistas voluntarios de tu iglesia.

 

  • Evalua - Mantente saludablemente insatisfecho. Enfrenta la crítica constructiva y explora maneras más eficientes de hacer tu trabajo. Motiva a cada miembro de tu equipo a hacer el suyo. Si las cosas no funcionan, busca cambios y alternativas. El equipo, los sistemas, los métodos y el personal no son eternos.

 

Quizá no arregles todo el sonido de tu iglesia de un día para otro, pero puedes llegar a dominarlo paso a paso.

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